Manada: La deconstrucción de la masculinidad

La masculinidad es la prenda más incómoda del hombre

“Un hombre comienza a ser interesante cuando aprende a dudar”, asegura la activista feminista española Carmen Rico-Godoy y, bajo esta idea, el coreógrafo Martín Inthamoussú parece haber creado Manada, una pieza de danza en la que cuestiona las concepciones sobre la masculinidad que día a día son establecidas por la sociedad.

A través de la música, los cuerpos en movimiento y algunos fragmentos hablados, Manada retrata la manera en que la imposición de roles de género también es sufrida por el hombre. En distintos ámbitos sociales como la familia, la educación, el trabajo y los amigos. Inthamoussú plantea que el hombre debe responder a un ideal de masculinidad para poder pertenecer a un grupo. Cuando esto no se respeta, la violencia sale a la luz a través del rechazo, los insultos e incluso la humillación.

Un elemento a destacar de Manada es la contradicción establecida en la manera en que la danza y el papel de la masculinidad se unen en el escenario. Por ejemplo, antes de comenzar a bailar con otros cuatro hombres, el personaje principal narra frente a un micrófono: “Empecé a hacer ballet en un instituto, hasta me compré ahí mismo las zapatillas de danza. No le conté a nadie que iba, ni a mis amigos. Guardaba las zapatillas en el fondo de la mochila y cuando llegaba a casa las escondía para que mi viejo no las viera”.

En ciertos pasajes del espectáculo se ve a los cinco personajes  imitándose casi de forma instintiva como si realmente formaran parte de una manada. Sin embargo, hay momentos en que las pequeñas diferencias les impiden reconocerse entre sí. Hombres solidarios, hombres agresivos, hombres en movimiento, hombres corriendo, hombres de pie, hombres sentados, hombres mirándose a los ojos, hombres preocupados por sí mismos. Manada retrata cómo los hombres piden ser vistos y reconocidos. En la obra, todo movimiento se acompaña de música -ya sea grabada, cantada, o a partir de la percusión de los pies que golpean el piso-, que en algunos instantes consigue comunicar más que las palabras.

Uno de los momentos más interesantes de Manada llega cuando el personaje principal trata de despojarse de esa concepción de masculinidad que reina en su cuerpo y que no le permite mostrarse como realmente es. El bailarín trata de limpiarse como si esos prejuicios fueran una mancha que ensucia su verdad, o incluso parece querer sacarse una prenda que representa a todas estas incómodas construcciones sociales que se atan a su cuerpo.

Podemos destacar como una reflexión general que si “ser masculino” es sinónimo de fuerza, valentía y grandeza, entonces, en una sociedad donde los parámetros de conducta en base al género se buscan imponer tan fuertemente, ser verdaderamente masculino es dejar de aparentarlo.

Agustín Gil      Rodrigo Guerra

 

 

 

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